Creative Commons License Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

.

Photobucket

domingo 25 de abril de 2010

AL INFINITO...

Alan se detuvo un momento a contemplar el panorama que le rodeaba. Quería llenarse el alma y los recuerdos de aquellas imágenes indescriptibles. Hubiera deseado que la sensación de eternidad que lo invadía en ese instante se quedara tatuado para siempre en su interior; y durante esos breves segundos, se regodeó con el infinito insaciable que experimentó. Las incontables estrellas brillaban en todo su esplendor, ajenas a la mirada atónita del astronauta.
- Alan ¿ocurre algo? - interrumpió la transmisión desde el interior de la nave.
- ¡Negativo! - se apresuró a responder - procedo ahora a la liberación de la cabina.
Cuidadosamente se desplazó hacia el otro extremo. Su misión consistía en quitar manualmente los seguros para desprender la cabina del resto de la nave, ya que el sistema automático se había averiado. De esta manera, soltarían el peso extra, activando así los propulsores de emergencia de la cabina; lo cual les daría el impulso necesario para escapar del hoyo negro que, aunque aún no era visible, ejercía ya una fuerza de atracción cada vez más potente.
Alan llegó por fin a su destino. Con algo de dificultad logró su objetivo. Sin embargo, la cabina no se desprendía.
- Se atascó el mecanismo - La voz resonó en sus oídos, mientras algo le hacía volver atrás la mirada. El interior de la nave volvió a transmitir.
- Escúchame, hay que soltar el mecanismo por abajo del vehículo, pero la sonda queda corta. - Alan, tienes que regresar a la nave. Buscaremos otras opciones para salir de aquí.
- No creo que haya tiempo para eso - respondió, sin apartar la mirada del ya visible agujero negro al que se acercaban. Sus ojos incrédulos observaron cómo rocas, asteroides y alguna que otra basura espacial eran atraídos y desaparecían a lo lejos, en el oscuro interior de aquel fenómeno.
Sabía que tenía que hacer algo; y había poco tiempo.
- Colegas, voy a soltar la cabina desde abajo. Desconectaré la sonda; me quedo con la reserva del traje. En cuanto el mecanismo se desprenda, activen los propulsores y salgan de aquí.
Hubo unos segundos de silencio en la cabina.
- Alan, regresa, no te vamos a dejar... buscaremos otra forma...
La voz se entrecortaba y se tornaba ansiosa.
- ¡No hay tiempo! - respondió. Puso sus manos en la sonda y pronunció las últimas palabras antes de desconectarse.
- Caballeros, fue un placer servir con ustedes. Regresen a casa.
Acto seguido se desconectó y se apresuró a llegar a la parte de abajo de la nave. Le costó trabajo, pero afortunadamente logró separar la cabina; y contempló sonriendo cómo arrancaba a toda velocidad para dirigirse de regreso al planeta azul.
La fuerza de atracción era cada vez mayor. El oxígeno de reserva se terminaba.
"No podría ser de otra manera", pensó, aún sonriendo.
Y mientras la oscuridad lo rodeaba, cerrando sus ojos, le pareció escuchar una voz muy familiar pronunciando su nombre...

***
- ¡Alan! - El niño volvió su rostro inexpresivo para encontrar el semblante cariñoso de su madre. - La doctora nos va a ayudar para que te puedas comunicar mejor, ¿Escuchaste? - le dijo, visiblemente emocionada.
Sin gesto alguno, el pequeño volvió a concentrarse en los juguetes que tenía en las manos; mientras continuaba meciéndose suave y constantemente.

- Señora - dijo la doctora - El diagnóstico que le han dado sobre su hijo puede ser correcto; el niño parece ser autista. Sin embargo, le diré que muchos de estos niños simplemente se encuentran encerrados en sí mismos; y solo necesitan que alguien les ayude a encontrar la salida hacia su entorno. Hoy en día existen métodos para lograr una buena recuperación. El proceso será lento, pero espero poder obtener muy buenos avances con Alan. Quizás él solamente se encuentre perdido en su interior... entre sus fantasías.
En silencio, la doctora fijó su mirada en los juguetes que llevaba el niño.
- Tal vez - dijo en voz casi inaudible - Sea ahora un astronauta como el que sostiene entre sus manos.
Levantó el rostro y contempló al pequeño.
- Con un poco de esfuerzo, te sacaremos de ese hoyo negro.
Alan se volvió a mirarla con un movimiento brusco; y por primera vez en sus 9 años de vida, su rostro reflejó una mueca que parecía ser su primer sonrisa...

0 comentarios: